jueves, 29 de diciembre de 2011
viernes, 10 de septiembre de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Escupitajo
Te conmino por ser
porque me hago por vos,
estoy integrado por modificación.
Porque
porque
porque.
En consecuencia te conmino
a
“a” ¿Qué?
Decime a qué.
Sí. Vos,
porque por vos estoy.
¿Pero,
Qué?
¿No podés decirme nada?
¿Qué es esto?
Me salivaste.
Sí, estoy escupido porque me marcaste.
porque me hago por vos,
estoy integrado por modificación.
Porque
porque
porque.
En consecuencia te conmino
a
“a” ¿Qué?
Decime a qué.
Sí. Vos,
porque por vos estoy.
¿Pero,
Qué?
¿No podés decirme nada?
¿Qué es esto?
Me salivaste.
Sí, estoy escupido porque me marcaste.
Me río, la risa se abre hacia abajo como cuando en los días de lluvia las canaletas de chapas vuelcan el agua y hacen ese ruido constante que nos suele calmar. Estoy pensado que las fotografías me hacen mejor. Prefiero tus labios cuando se mueven y me detengo a observar. Es mejor que permanezcamos en ese momento. Te conmino a que mejor fotografiemos los labios que se mueven.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Me duele la garganta. Duele al tragar como si se rasgase sobre sí, se tocara. Porque al raspar, rastrilla todas las cenizas que se han aglutinado. Raspa, desgarrando las rastros nimios, detallísticos irreponibles.
Corrompe al ras.
Corroe¡Ah!
Cadenas disonantes gritonas irrevocables. Ah. Ah. Ah.
El rojo irritado grita y regrita.
Ah, color sangre. Vehemencia por haber chocado.
Castigo contra sí. Disolución en infinitos ojos atolondrados. Es
la desesperación de que lo rojo apuñale los muros de lo contenido. Qué. Dónde.
Me duele la garganta.
Corrompe al ras.
Corroe¡Ah!
Cadenas disonantes gritonas irrevocables. Ah. Ah. Ah.
El rojo irritado grita y regrita.
Ah, color sangre. Vehemencia por haber chocado.
Castigo contra sí. Disolución en infinitos ojos atolondrados. Es
la desesperación de que lo rojo apuñale los muros de lo contenido. Qué. Dónde.
Me duele la garganta.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Ella intentaba dar con el paso del resto. Movía los pies siguiendo el avance general. Los brazos, sueltos a sus costados, se le caían inevitablemente. Levantar otra vez los pies, volver a bajarlos con ese ligero movimiento hacia delante, mientras el aire rozaba por los bordes de su cuerpo sumado con la humedad que se derrumbaba en el anuncio de la progresión de gotas. Ya podía imaginarse las viejas cerrando las ventanas, otras colocando jarrones. Se divertían viendo a todos esos que se preparaban especialmente para el evento, la risa se le desmoronaba con pensar, con las infinitas posibilidades de desconocer a los que la rodeaban, los otros, cuando intentaba explorarse.
Al llegar a la esquina luego de la dispersión de los diferentes cuerpos, continuó. Ahora se limitó a volver a su casa. Una taza de té, una ojeada por la ventana y una dosis de pastillas para dormir.
Al llegar a la esquina luego de la dispersión de los diferentes cuerpos, continuó. Ahora se limitó a volver a su casa. Una taza de té, una ojeada por la ventana y una dosis de pastillas para dormir.
miércoles, 22 de julio de 2009
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